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BIOGRAFÍA DE JOSÉ ANTONIO MEDINA 
 

Entre aquellos ilustres varones que concurrieron a la obra magna de la independencia, figura en puesto descollante, como uno de esos meteoros luminosos que con vínculos lampos de luz, iluminan aquellos instantes heroicos, en que se retaba con tanta valentía al orgulloso íbero, para discutirle a cara descubierta el derecho a nuestra libertad. Entre esos audaces y esforzados paladines de la emancipación, figura un buen cura, que a no ser tal, acaso habría como los Murillo, Lanza, Sagárnaga y demás héroes alcanzado la corona de la inmortalidad con el martirio. Ese buen sacerdote fue don José Antonio Medina.

Había nacido en San Miguel de Tucumán (Argentina) en 1773 y desarrolló toda su actuación patriótica en pro de la independencia altoperuana.

Estudió en la prestigiosa Universidad de San Francisco Xavier de Chuquisaca, donde se graduó como doctor en teología, recibiendo las órdenes sacerdotales y llegando a ser profesor en el Seminario Carolino. Era primo de don Bernardo Monteagudo, y con éste, compartía ardientemente sus principios libertarios.

Nombrado cura de Sicasica (Departamento de La Paz), se entrevistó allí con Michel, que venía comisionado en Chuquisaca, a entenderse con los revolucionarios de La Paz, antes del glorioso 16 de julio de 1809. No tardó en venirse a esta ciudad tras de Michel, quien le puso en relación con los principales cabecillas conspiradores, y quienes hallaron en el fogoso sacerdote un magnífico colaborador, hasta el día que estalló el movimiento revolucionario. La Junta de Gobierno o Tuitiva, de la cual fue miembro, le encomendó la cartera de Estado. No cabe duda que dio impulso a la revolución con su palabra, consejos, sus dictámenes bien meditados; estuvo completamente preocupado con la tarea de oficios, proclamas por lo que su colega Murillo hubo de prodigarle aplausos por su abnegada conducta en los momentos más críticos.

Muchos creen que él fue autor de la famosa e inmortal proclama de la Junta Tuitiva, lo que no sería de extrañar, dado su preclaro talento y la lógica irresistible que empleaba en sus discursos y conversaciones, aunque los más se inclinan a considerar aquel documento como obra del doctor Gregorio García Lanza.

Fue uno de los derrotados de Chacaltaya, buscó un escondite pero descubierto por un soldado de la partida de Sierra fue capturado en Chulumani y entregado a Tristán, quien lo remitió a esta ciudad. Apenas llegó el 27 de noviembre fue conducido recluso al Convento de San Francisco. Sometido a juicio, prestó su indagatoria ante López de Segovia el 18 de diciembre y su confesión el 8 de enero de 1810.

Condenado a la pena capital, previa degradación hecha a su persona por el Obispo de la Diócesis, se le suspendió la condena pero fue sumido en los calabozos. Como Abascal trataba de enviarlo a España, sus amigos hicieron lo posible para salvarlo, especialmente Mariano Alejo Álvarez, discípulo suyo, y mediante arreglos con el médico Carmona, logró fugarse, arribando a Coquimbo (Argentina) el 3 de diciembre de 1812. En el Congreso Constituyente de las provincias unidas de la Confederación Argentina, figuró como diputado por Tucumán el 21 de abril de 1826. Falleció en 1828 en Santa Fe del Rosario (República Argentina).

* Texto elaborado en base a:

“HOMBRES CÉLEBRES DE BOLIVIA”, Gonzales y Medina Editores

 “MURILLO Y LA REVOLUCIÓN DEL 16 DE JULIO”, Floren Sanabria G.

 “DICCIONARIO HISTÓRICO BIOGRÁFICO”, Nicanor Aranzaes