Nació en Galicia. Su padre se llamaba Miguel Figueroa, con quien se estableció en Potosí desde su infancia más tierna, muerto el autor de sus días. En su juventud, fugó de esa ciudad para abrazar la carrera de la marina, donde militó varios años, y no contento con ella se hizo militar, desertando pronto de las filas del ejército, para dedicarse a la profesión de sastre, con la que vivió en La Paz.
Pronunciada la revolución de Julio, simpatizó con la causa libertaria, y en los últimos momentos se alistó en las filas revolucionarias, donde se le improvisó de Teniente de Artillería, contribuyendo de un modo eficaz a la causa.
Ante la aproximación de las fuerzas de Goyeneche hacia La Paz, los revolucionarios dejaron a Figueroa como comandante para que recogiera dos fuerzas de artillería y emprendiera la lucha.
El 25 de octubre en Chacaltaya rodeado por toda la fuerza enemiga se entregó prisionero, cayendo con los soldados Antonio Maidana, Camilo Peralta, Eusebio Tejeiro.
Preso Figueroa, su sentencia fue dictada el 27 de enero de 1810, por reo de alta traición y condenado a la pena ordinaria de la horca. Leída la sentencia, perdió la razón, se ocupaba de encender cigarros puros, uno tras otro y arrojarlos. Puesto en el garrote, cuando lo creían muerto, apenas lo dejó el verdugo, se levantó y se puso a andar. Tenía la garganta muy angosta, por lo que no pudo ser estrangulado, y sí degollado a cuchillo por un chapetón. Murió el 29 de enero de 1810. Su cadáver fue descolgado y en la tarde fue conducido al templo del Sagrario donde fue enterrado.
* Texto elaborado en base a:
“HOMBRES CÉLEBRES DE BOLIVIA”, Gonzales y Medina Editores
“MURILLO Y LA REVOLUCIÓN DEL 16 DE JULIO”, Floren Sanabria G.
“DICCIONARIO HISTÓRICO BIOGRÁFICO”, Nicanor Aranzaes