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América va a reventar...La Paz castigará las insolencias 
 

El proceso histórico de la preemancipación, en el distrito de la Real Audiencia de Charcas, es decir lo que hoy es Bolivia, es un lapso que abarca 30 años: de 1778 a 1808. Se inicia en las grandes rebeliones de Chayanta, Cusco, Oruro y La Paz, también con sus antecedentes, y llega hasta los días previos al 1809. En esa historia está el caldo de cultivo doctrinal, no sólo en el pensamiento y acción de los protagonistas, sino en el afanoso trajín de las nuevas ideas provenientes de Europa. Así fue surgiendo la ideología finisecular y la de comienzos del XIX.

Sucesos históricos como las revoluciones del 25 de mayo en Chuquisaca y 16 de julio en La Paz, no son estallidos de un día para otro ni expresión de euforia y decisiones de una jornada. Tienen antecedentes lejanos, mediatos y cercanos.

Gabriel René-Moreno escribió, respecto a los años finales del siglo XVIII en Alto Perú: "Las ideas de independencia y reforma no eran a la sazón cimientes desconocidas o exóticas, sino gérmenes vivos que estaban brotando de tiempo atrás en un terreno fértil situado entre la Universidad y el Foro. Ese terreno era la Academia Carolina".

Para el lapso inicial del siglo XX, el mismo autor anotó: "Por los años de 1801 ó 1802, el grupo de descontentos, de que hay noticia cierta, se componía de argentinos y altoperuanos pertenecientes a los cursos universitarios. Muy en breve todos ellos pasaron a ser corifeos de la revolución, distinguiéndose por su amor a la libertad y sus sacrificios por la independencia..."

También escribió el historiador cruceño que entre "los más antiguos prosélitos de la aspiración sediciosa antes de 1802, llevando ya la idea de una separación de la metrópoli, en La Paz basta recordar a los doctores Manuel Ruiz de Bolaños, Juan de la Cruz Monje, Juan Basilio Catacora, José Manuel Ortiz de Ossa, Juan Bautista Sagárnaga e Indalecio Calderón y Sanjinés, que se lanzaron sin trepidar, con el espanto de los tímidos, a la revolución del 16 de julio de 1809..." ¡Tanta fue su decisión y temeridad desde el primer momento!

Durante el segundo lustro del siglo XIX, en todo el territorio del Distrito de la Real Audiencia de Charcas, la generación de la fe libertaria movió un incesante trajín de ideas, proposiciones e incitación en forma de innumerables pasquines. Cito acá —como muestra— dos de ellos aparecidos en La Paz en 1805: "Viva el Monarca de España en su imperio y sus dominios. Fenezca ya el mal gobierno y todos los chapetones"; "La América va a reventar. Cusco y Arequipa no han de callar. Cochabamba y La Plata se han de armar. La Paz ha de castigar las insolencias... Europa no mandará en América... Los abusos se acabarán. La fe persistirá. El Señor de la Justicia nos ayudará".

Ese año, 1805, fue denunciada, ante el gobernador intendente de la Paz, Antonio Burguño, una conspiración enlazada con Cusco. Fue el 30 de julio y el caudillo, en La Paz, fue Pedro Domingo Murillo. Sometido a prisión y juicio, negó su participación con admirable habilidad y fue declarado inocente. Sobrevino luego el inmenso suceso histórico del 25 de mayo de 1809 en Chuquisaca. La repercusión mayor, nada más que un mes y 20 días después, fue la Revolución de La Paz. Sobre ella, oidores de la Audiencia de Charcas dijeron, en carta dirigida al virrey Liniers: "Los males se incrementaban por momentos tocando al punto de encenderse un fuego que después sería imposible o muy difícil de apagar..."

Hay dos relatos epistolares reveladores sobre la Revolución de julio, pues fueron escritos en la primera noche de los sucesos por el Dr. Antonio Díez de Cruzado y el Dr. Manuel Ruiz de Bolaños y enviados al tesorero de las Cajas Reales de Cochabamba, Mariano Díez de Medina (están en el Archivo Histórico Nacional de Madrid). Dice el primero, firmado por Ruiz de Bolaños: "... el proyecto es, según tengo penetrado, que ningún europeo tenga empleo ni mando alguno, ni menos el que sea sospechoso aunque sea criollo...". El segundo, de Díez de Cruzado, más detallado, termina por relatar: "Se va también a publicar un bando para que todos los chapetones nos presentemos a prestar juramento con los criollos... A don Diego Quint le han quitado el mando de Armas y se lo han dado a un tal Murillo que no conozco".

La Revolución de julio tuvo tres efectos inmediatos: 1) El Cabildo secular asumió, en la misma noche del día 16, el gobierno de la provincia e Intendencia de La Paz. 2) El Cabildo recibió y aprobó el día 21 el Plan de Gobierno que presentaron "en nombre del pueblo" los doctores Juan Basilio Catacora Heredia, Gregorio García Lanza y Buenaventura Bueno. 3) Los cabildantes instituyeron la Junta Representativa y Tuitiva de los derechos del pueblo, cuyos miembros fueron designados el día 24.

En la misma noche del 16 de julio, después de ser aceptada la renuncia del gobernador Tadeo Dávila y del obispo La Santa y Ortega, y "a las nueve y cincuenta minutos de la noche, estando el pueblo agolpado en la sala y a sus varandas... se ordenó que el capitán de la Sala de Armas entregue inmediatamente a don Pedro Domingo Murillo y a don Mariano Graneros, las Armas y Llaves del cuartel...".

Los documentos acumulados en los expedientes de la causa, que conserva el Archivo Histórico Nacional de Madrid, revelan que todas las decisiones y acciones de la Revolución de julio tuvieron una preparación de varios años. Una carta de Goyeneche al presidente de la Audiencia de Charcas, Vicente Nieto (desde La Paz, 20 de diciembre de 1809) confirma lo dicho: "De aquí han nacido los proyectos de independencia y el fomento de los Murillos, Lanzas y demás caudillos de esta revolución... Tres clases de castigos deben incontinente efectuarse: pena capital, destierro de por vida y extrañamiento. De los primeros me encargaré... si aprueba mi deliberación de que ésta recaiga en Murillo, Ximénez alias Pichitanga y otros cuatro o cinco..."

Sobre el padre Medina, dice en esa carta Goyeneche: "Éste es el autor de cuantas proclamas de sedición se han esparcido por la América; firmó los 10 capítulos de la Constitución de la Junta, según él mismo declara". El Plan de Gobierno y la Proclama son los documentos que condensan la doctrina de julio.

En el pensamiento revolucionario de 1809 hay clara persistencia y uniformidad en todo el distrito de la Audiencia de Charcas. La prueba documental es abundante para un estudio completo que no se hizo aún.

Uno de los textos reveladores, entre tantos otros, proviene del campo realista. Ramón García León Pizarro, ex presidente de la Audiencia de Charcas, en un memorial enviado desde Chuquisaca a Lima, el 5 de enero de 1815, en el proceso de su vindicación, afirma que la acción revolucionaria, desde 1809, fue "causa que ha puesto la piedra fundamental a las convulsiones del reino... una causa que ha destronado las primeras autoridades legítimamente constituidas, cuyos principios, medios y fines no han sido otros que sustraerse de la soberanía y sacudir la suave dominación del rey".

Otro dato es el contenido en el expediente de la causa seguida contra el padre Iturri Patiño, en Cochabamba, por el gobernador Irigoyen. El presbítero iba, en los primeros días de agosto de 1809, hacia esa ciudad, comisionado por la Junta Tuitiva de La Paz y fue hecho prisionero en Tapacarí. En el inventario de su equipaje se encontró un ejemplar de la proclama de julio. En "una levita de paño negro, con el cuello bordado de oro, con inscripción que decía Por la Patria, sin suscripción alguna". Hay otros datos más que permiten aseverar que la proclama de julio debe ser consagrada como la Primera Declaración de la Independencia de Bolivia.

TEODOSIO IMAÑA CASTRO, historiador, Ex Presidente de la Academia de la Historia y actual vicepresidente de la de Ciencias. Artículo tomado de La Razón