Hasta ahora se conoce cinco versiones de la Proclama, tres escritas durante los mismos días de la Revolución, otra conocida en 1840 y una quinta que apareció en 1896 y fue consagrada en 1925. Sólo para efectos de claridad y orden del presente análisis están enumerados del uno al cinco.
La primera, fue publicada por Manuel María Pinto en 1909, encontrada en uno de los expedientes del Archivo de la Nación (Buenos Aires). Expresa su fidelidad al rey español y al sistema monárquico.
La segunda, fue tomada de un diario atribuido al español Tomás Cotera, y cuyo manuscrito original jamás se ha encontrado. Fue conocida en 1840 en un folleto firmado por José Manuel Loza y Manuel Vicente Ballivián, reproducido en 1855 en un libro atribuido a Manuel María Urcullo, y divulgado aún más por René Moreno en 1879 en su "Biblioteca Boliviana". Es un documento subversivo, no sólo contra la autoridad desde la Intendencia sino contra la propia monarquía. Contiene alteraciones fundamentales a la primera versión.
La tercera fue publicada en 1948 por Guillermo Francovich. Es una copia facsimilar obtenida del Archivo de la Nación (Buenos Aires). Contiene modificaciones menores con respecto a la segunda. Su autenticidad parece estar fuera de toda duda.
La cuarta fue publicada por la "Sociedad Geográfica Sucre" en 1912, y confirmada en 1978 por Florencia Ballivián de Romero. Procede de fuentes confiables y un ejemplar manuscrito de ella se encuentra en la Biblioteca de la Universidad Mayor de San Andrés de La Paz junto a un expediente alusivo al caso.
La quinta, obtenida de un coleccionista privado, fue adquirida por Mario Mercado Vaca Guzmán en 1974 y donada, por el mismo, a la Alcaldía de La Paz. Vaca Guzmán al año siguiente (cuando fue alcalde) la hizo esculpir en granito, en forma de libro, y en medio de solemnes ceremonias fue colocada en la Plaza Murillo en el centro de la ciudad. Su texto, corresponde a una copia de la versión No. 2 que apareció en un "Almanaque Ilustrado" en 1896, con importantes alteraciones con respecto a las anteriores, y con el añadido de las firmas de los miembros de la Junta Tuitiva y de otro personaje que no integró ese cuerpo.
Texto de la versión No. 1:
Proclama de la ciudad de La Plata a los valerosos habitantes de la ciudad de La Paz. Hasta aquí hemos tolerado una especie de destierro en el seno mismo de nuestra patria. Hemos visto con indiferencia por más de tres siglos inmolada nuestra libertad primitiva a la tiranía de unos jefes déspotas y arbitrarios, que abusando de la alta investidura que les dio la clemencia del soberano, nos han reputado por salvajes y mirado como a esclavos.
Hemos guardado un silencio bastante análogo a la estupidez que se nos atribuía por los mismos, sufriendo con tranquilidad que el mérito de los americanos haya sido siempre un presagio cierto de su humillación y su ruina.
Ya es tiempo pues de elevar hasta los pies del trono del mejor de los monarcas, el desgraciado Fernando VII, nuestros clamores, y poner a la vista del mundo entero, los desgraciados procedimientos de unas autoridades libertinas.
Ya es tiempo de organizar un nuevo sistema de gobierno fundado en los intereses del rey, de la patria y de la religión, altamente deprimidos por la bastarda política de Madrid.
Ya es tiempo en fin, de levantar los estandartes de nuestra acendrada fidelidad. Valerosos habitantes de La Paz y de todo el imperio del Perú: relevad nuestros proyectos por la ejecución, y aprovechaos de las circunstancias en que estamos.
No miréis con desdén los derechos del rey y la felicidad de nuestro suelo. No perdáis jamás de vista la unión que debe reinar en todos para acreditar nuestro inmarcesible vasallaje, y ser en adelante tan felices como desgraciados hasta el presente.
Texto de la versión No. 2
Proclama:
Hasta aquí hemos tolerado una especie de destierro en el seno mismo de nuestra patria. Hemos visto con indiferencia por más de tres siglos sometida nuestra primitiva libertad al despotismo y tiranía de un usurpador injusto, que degradándonos de la especie humana nos ha reputado como salvajes y mirado como a esclavos. Hemos guardado un silencio bastante parecido [en lugar de "análogo"] a la estupidez que se nos atribuye por el inculto español, sufriendo con tranquilidad que el mérito de los americanos haya sido siempre un presagio cierto de su humillación y ruina.
Ya es tiempo pues de sacudir yugo tan funesto a nuestra felicidad, como favorable al orgullo nacional del español. Ya es tiempo de organizar un nuevo sistema de gobierno fundado en los intereses de nuestra patria, [se suprime "del rey"] altamente deprimida por la bastarda política de Madrid.
Ya es tiempo, en fin, de levantar el estandarte de la libertad en estas desgraciadas colonias, adquiridas sin el menor título, y conservadas con la mayor arrogancia y tiranía.
Valerosos habitantes de La Paz y de todo el imperio del Perú; revelad [en lugar de "relevad"] vuestros proyectos para [en lugar de "por"] la ejecución. Aprovechaos de las circunstancias en que estamos, no miréis con desdén [se suprime los derechos del rey"] la felicidad de nuestro suelo, ni perdáis jamás de vista la unión que debe reinar en todos, [se suprime "inmarcesible vasallaje"] para ser en adelante tan felices, como desgraciados hasta el presente.
Texto de la versión No. 3
Proclama de la ciudad de La Plata a los valerosos habitantes de la ciudad de La Paz.
Hasta aquí hemos tolerado una especie de destierro en el seno mismo de nuestra patria; hemos visto con indiferencia por más de tres siglos inmolada nuestra primitiva libertad al despotismo y tiranía de un usurpador injusto que degradándonos de la especie humana nos ha reputado por salvajes y mirado como a esclavos.
Hemos guardado un silencio bastante análogo [no se dice "parecido" como en la versión 2] a la estupidez que se atribuía por el inculto español, sufriendo con tranquilidad que al mérito de los americanos haya sido siempre un presagio cierto de su humillación y ruina. Ya es tiempo pues de sacudir yugo tan funesto a nuestra felicidad como favorable al orgullo nacional del español.
Ya es tiempo de organizar un nuevo sistema de gobierno fundado en los intereses de nuestra patria, altamente deprimida por la política bastarda de Madrid. Ya es tiempo en fin, de levantar el estandarte de la libertad en estas desgraciadas colonias adquiridas sin el menor título y conservadas con la mayor injusticia y tiranía.
Valerosos habitantes de La Paz y de todo el imperio del Perú, relevad [no "revelad" como en la No. 2] nuestros propósitos por [no, "para"] la ejecución; aprovechaos de las circunstancias en que estamos, no miréis con desdén la felicidad de nuestro suelo, ni perdáis jamás de vista la unión que debe reinar en todos, para ser en adelante tan felices como desgraciados hasta el presente.
Texto de la versión No. 4
Proclama de la ciudad de La Plata a los valerosos habitadores [no "habitantes"] de la ciudad de La Paz.
Hasta aquí hemos tolerado una especie de destierro en el seno mismo de nuestra patria; hemos visto con indiferencia por más de tres siglos, inmolada nuestra primitiva libertad, al despotismo y tiranía de un usurpador injusto que degradándonos de la especie humana, nos ha reputado [falta: por salvajes y mirado como a esclavos. Hemos guardado] un silencio bastante análogo a la estupidez que se nos atribuye por el inculto español, sufriendo con tranquilidad que el mérito a los americanos haya sido siempre un presagio cierto de su humillación y ruina.
Ya es tiempo de sacudir pues yugo tan funesto a nuestra felicidad, como favorable al orgullo nacional del español. Ya es tiempo de organizar un nuevo sistema de gobierno fundado en los intereses de nuestra patria últimamente [no "altamente"] deprimida por la bastarda política de Madrid. Ya es tiempo en fin, de levantar el estandarte de la libertad en estas desgraciadas colonias adquiridas sin el menor título y conservadas con la mayor injusticia y tiranía.
Valerosos habitadores de La Paz y de todo el imperio del Perú, a relevad nuestros proyectos por la exacción; [sic] aprovechaos de las circunstancias en que es más [sic], no miréis con desdén la felicidad de nuestro suelo, ni perdáis jamás de vista la unión que debe reinar en todo, para ser en adelante tan felices como desgraciados hasta el presente en la suposición de no estar triunfantes las armas españolas. [Agregado].
(Es copia fiel que certifico. Putina, agosto 16 de 1809. Rufino Vercolme)
Texto de la versión No. 5
Compatriotas:
Hasta aquí hemos tolerado una especie de destierro en el seno mismo de nuestra patria; hemos visto con indiferencia por más de tres siglos sometida nuestra primitiva libertad al despotismo y tiranía de un usurpador injusto que degradándonos de la especie humana, nos ha mirado como a esclavos [se omite, nos ha reputado por salvajes]
Hemos guardado un silencio bastante parecido (en lugar de análogo) a la estupidez que nos atribuye por el inculto español, sufriendo con tranquilidad que el mérito de los americanos haya sido siempre un presagio cierto de [su] humillación y [su] ruina.
Ya es tiempo pues de sacudir yugo tan funesto a nuestra felicidad como favorable al horgullo [sic] nacional español. Ya es tiempo de organizar un sistema de gobierno fundado en los intereses de nuestra patria, altamente deprimida por la bastarda política de Madrid. Ya es tiempo en fin, de levantar el estandarte de la libertad en estas desgraciadas colonias, adquiridas sin el menor título y conservadas con la mayor injusticia y tiranía.
Valerosos habitantes de La Paz y de todo el imperio del Perú, revelad vuestros proyectos para la ejecución, aprovechaos de las circunstancias en que estamos, no miréis con desdén la felicidad de nuestro suelo ni perdáis jamás de vista la unión que debe reinaren todos para ser en adelante tan felices como desgraciados hasta el presente.
En la ciudad de Nuestra Señora de La Paz a los diez [debajo, "veinte") y siete días del mes de julio de mil ochocientos nueve.
Pedro Domingo Murillo, Gregorio García Lanza, Juan Basilio Catacora, Melchor León de la Barra, José Antonio de Medina, Buenaventura Bueno, .Juan de la Cruz Monje y Ortega, Juan Manuel Mercado, Manuel Victorio García Lanza.
Texto elaborado en base a las obras:
“1809: La Revolución de la Audiencia de Charcas en Chuquisaca y en La Paz”, de José Luis Roca.
“Documentos sobre la Revolución del 16 de Julio de 1809”, de Alfonso Finot.