Discurso del 10 de febrero de 2004
En medio de la crisis terminal de un modelo económico neoliberal, injusto y empobrecedor, que nos restó recursos, que mantuvo el estancamiento local y nacional; logramos una recuperación plena de nuestras finanzas, saneamos nuestros Estados Financieros, recuperamos nuestra capacidad de crédito, concentramos nuestro presupuesto en inversión, redujimos el gasto corriente y consolidamos alianzas estratégicas con el sector privado y la cooperación internacional para reactivar económicamente al Municipio.
No ha sido fácil transitar del abandono y del desorden a la planificación estratégica participativa; al redescubrimiento de nuestras vocaciones y a la formulación de nuestros macro proyectos: el Programa de Revitalización y Desarrollo Urbano de La Paz ha iniciado su despliegue con las primeras obras en el Parque Urbano Central, y está prácticamente garantizado el financiamiento de $us 20 millones del BID para una intervención integral tanto en el Parque Urbano Central como en el Centro Histórico de San Francisco, junto a la implementación de programas sociales y de promoción económica que desatarán todo un proceso de reconversión que hará del centro el núcleo más dinámico, ordenado, restaurado, moderno y cálido de nuestra urbe, en el marco de un proyecto integral de lucha contra la pobreza en áreas urbanas.
Han sido dolorosas las lecciones que nos deparó el 2003; especialmente las de febrero y octubre. No se puede gobernar de espaldas a la gente o peor en desmedro de las demandas y esperanzas colectivas. No puede por mucho tiempo ser la función pública un negocio rentable de los gobernantes a costa de las privaciones populares. No pueden el autoritarismo, el cuoteo, la prebenda, los pactos palaciegos sustituir indefinidamente, los consensos mayoritarios que hacen a la verdadera gobernabilidad democrática. El 2003 acabó esa forma de hacer política y también la manera injusta de administrar los bienes públicos y la riqueza nacional.
Nuestra ciudad fue el escenario físico de los enfrentamientos y nuestra comunidad de hombres y mujeres, junto a nuestros hermanos alteños, los grandes protagonistas del cambio. Nadie hubiera deseado la renuncia del entonces Presidente Gonzalo Sánchez de Lozada, pero casi todos los paceños y bolivianos tuvimos que pedirla, ante el inaceptable e irreversible cuadro trágico de los heridos y los muertos.
Así como estamos en el año final de la gestión local, estamos iniciando el primero de la transición histórica, ojalá, hacia un nuevo país, una nueva democracia, una nueva economía.
Es muy posible que los primeros días del 2005, esté nuevamente acá ante el H. Concejo Municipal y ante la opinión pública rindiendo un último informe que, además, deberá ser un informe de todos éstos cinco años de enorme aprendizaje; ese es al menos mi deseo personal, pero soy conciente que mis deseos debo compartirlos y finalmente definirlos con los míos, con mi familia y con los que siempre creyeron en mí. Pero, igual, mientras sea Alcalde comprometo seguir restándole horas a mi sueño físico para incrementarle tiempo, energía y concreciones al sueño de todos los hombres y mujeres de mi ciudad: hacer de La Paz el mejor lugar de vida en nuestra amada Patria.